Por el puro gusto de volar
Una asociación de pilotos latinoamericanos invita a experimentar la emoción de guiar una aeronave
Lourdes López
Redactora de Vida y Estilo
14 de marzo de 2004
De repente, el motor de la avioneta Piper Archer empezó a rugir a toda su capacidad. Nos encontrábamos en la línea de despegue del aeropuerto Whiteman de Pacoima en preparación para un recorrido del condado de Ventura, donde volaríamos a más de cuatro mil pies sobre la superficie terrestre.
Jesse Fernández, de Cuba, operaba su nave con la destreza de sus 15 años de experiencia y sus 660 horas de vuelo, e indicó que realizaba el chequeo de rutina de su nave sin dar tiempo a que alguno de los pasajeros formulara preguntas.
“Aunque mi avioneta se encuentra en perfectas condiciones, todos los pilotos hacemos esta verificación. Antes de emprender cualquier vuelo es necesario revisar los controles y [verificar] que todo marche correctamente”, aclaró Fernández.
En pocos segundos, la potente avioneta de 180 caballos de fuerza se desprendía suavemente de la pista sin haber recorrido una gran distancia y sin las características sacudidas de los grandes jets.
La primera barrera la encontró en las montañas Great Pine, donde los vientos se cruzan y provocan bolsas de aire y turbulencias, sensibles a los pasajeros no habituados al placer de volar.
Una vez traspasada esos picos, un amplio panorama apareció en las ventanillas. Innumerables edificios y casas se esparcían en una superficie verde a diferentes niveles. Cuerpos de agua, montañas y sembradíos cortaban las trazas urbanas primero de Santa Clarita y luego de Fillmore y Santa Paula.
“Pilotear es mi pasión”, comentó Olga Centeno, 57, argentina y copiloto de Fernández. “En el aire una se siente libre; es como estar en otro mundo, en otra dimensión. Considero que uno nace con el gusto por la aviación”.
Centeno pilotea desde los 14 años, pero aclara que el gusto por esa actividad viene de antes.
“Apenas alcanzaba los 6 años y sólo el sonido de un avión me hacía gozar y en mis adentros me decía: ‘Algún día voy a estar allá arriba’. Por fortuna, siendo adolescente encontré en mi país una instructora que me enseñó las bases de la aviación y pude realizar mi sueño”.
Centeno dejó esa actividad al casarse para dedicarse a su familia durante 30 años. Ahora no tan sólo ha renovado con brío su vocación de piloto, sino que ahorra para comprar su propio avión.
“Nunca es tarde para hacer lo que se trae en el corazón”, dijo la piloto, quien trabaja como bibliotecaria en la escuela primaria New Lexington, de El Monte. “Es esencial perseverar para lograr nuestras metas y, sobre todo, sentirse capaz de alcanzarlas”.
“Para mí, la aviación es un mundo fascinante y no pierdo oportunidad de mostrárselo a mis nietas y también a los niños de la escuela donde trabajo. He comprado libros para que aprendan que existen otras carreras a las que pueden dedicarse”, señaló.
Una asociación latina
La Asociación de Pilotos Latinoamericanos (APLA) se inició hace un año cuando unos amigos decidieron volar juntos. Ahora la lista de miembros alcanza más de 40, todos son hombres, a excepción de Olga Centeno.
“Nos gusta volar acompañados y, además, sabemos que cuatro u ocho ojos ven mejor que dos”, expresó Ricardo Dyk, presidente de APLA, constituida como una organización sin fines de lucro.
“Hasta la fecha no hemos encontrado ninguna otra asociación similar en este país. Sabemos que entre la comunidad latina mucha gente está interesada en volar y esta asociación ayuda a lograrlo”.
Dyk, ingeniero de profesión, aclara que no existe ningún requisito para integrarse al grupo, sólo se necesita interés en aprender o practicar la aviación.
“Regularmente traemos especialistas a nuestras reuniones. Queremos que nuestros miembros se preparen para obtener la licencia de pilotos, el permiso emitido por la Oficina Federal de Aviación (FAA) para volar tanto en el país como en el extranjero”.
La membresía de APLA cuesta 25 dólares y los seminarios 10 dólares. En esos cursos se invita a especialistas para hablar sobre diferentes aspectos de la aviación, como técnicas de emergencia, cómo hacer piruetas en el aire, seguridad y otros.
“Nos reunimos los segundos miércoles de cada mes en este aeropuerto Whiteman para organizar nuestras actividades, tanto de capacitación como sociales”, comentó Dyk.
“También utilizamos nuestra actividad para hacer labor social. Frecuentemente llevamos medicinas a lugares inaccesibles de México o transportamos enfermos a hospitales”.
Casi como en automóvil
“Pilotear un avión es casi como manejar un automóvil aunque, desde luego, existen más controles para dominar, por ejemplo se debe saber leer mapas y planos de referencia”, puntualizó el presidente de APLA.
“En mi opinión, es más seguro viajar en avión que en automóvil. Los accidentes de aviación son mucho más esporádicos. En un año sobran los dedos de las manos para contarlos”.
Los miembros de APLA reconocen que es necesario tener un capital extra para ser piloto, tanto para las clases necesarias para obtener la licencia, como para pagar las horas de vuelo. Aunque aclaran que muchas veces ahorran tiempo y dinero cuando viajan acompañados.
Indicaron también que en este país resulta más económico pilotear que en cualquier otro lugar del mundo.
“El sábado pasado Ricardo y yo decidimos esquiar en Mammoth”, explica Jesse Fernández, secretario de APLA.
“Nuestro vuelo duró escasas dos horas. Esquiamos todo el día y volamos al anochecer, cuando es más seguro. Se perciben las luces perfectamente y generalmente existe menos tránsito aéreo”.
Algunos de los sitios favoritos del grupo son la isla Catalina, Baja California, Palm Springs, Santa Bárbara y el norte del estado.
“Así como es apasionante esta actividad, también es necesario tener en cuenta sus riesgos. Las medidas de seguridad son vitales para un piloto, así como el dominio técnico de la aeronave”, indicó Centeno.
Los miembros de APLA aclaran que no es necesario comprar un avión para volar. Se rentan avionetas por 60 u 80 dólares la hora, incluyendo el combustible.
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En detalle |
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Asociación de Pilotos Latinoamericanos (APLA)
(818) 468-6886 y (818) 468-6886
En internet: http://www.aplaus.org/.

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Buen mantenimiento
“Los aviones privados reciben un mantenimiento anual para verificar la condición de su fuselaje, motor, paneles”, dijo Fernández.
“El examen lo lleva a cabo un mecánico certificado de la FAA, quien prueba el motor, la compresión de los cilindros y otras partes importantes de la nave”.
A las avionetas para rentar son examinadas cada cien horas de vuelo y la revisión es similar a la anual.
Formas de volar
Dyk explica que un piloto puede volar de tres maneras:
- Por referencia: utiliza su visión para orientar su vuelo.
- Por instrumentos: vuela con la información de instrumentos cuando se atraviesa una nube o está lloviendo y su visión al exterior es nula.
- Por GPS (Satélite de Posición Global): una pantalla en el interior del avión muestra su posición en un mapa, la altura de vuelo, velocidad y otros datos esenciales para la ubicación del avión.